Ellas también juegan

Dicen que quienes quedan en segundo lugar, algún día podrán llegar al tan ansiado primer puesto. Con trabajo, dedicación, esfuerzo. Mientras tanto quedan atrás por, tal vez, no haber estado a la altura, o porque por tal o cual razón todo se decidió en un segundo. El tenis tiene eso, es eso. Es esa bola que fue mala y te salvó de caer en un match point. Es ese partido que perdiste porque no pudiste vencer a tu propio yo mental. Es ese sprint, esa adrenalina que te llevó a dar vuelta un partido después de un glorioso passing shot.

Indescriptibles puntos de inflexión hay miles, sobre todo los que pasan por los mismos jugadores, por su cabeza, por ese ajedrez mental al cual se someten partida tras partida. Del otro lado, están los factores que no dependen de ellos, sino de una sociedad o cultura. Prejuicios, también. Y esos factores son los que afectan al tenis femenino, que sigue relegado en segundo lugar en gran parte del mundo.

31st Annual Salute To Women In Sports - InsideLa asociación de tenis femenino, WTA (Women’s Tennis Association), nació en 1973 de la mano de Billie Jean King, jugadora estadounidense que formaba parte de la elite de aquella época. De esta manera, se unirían todas las jugadoras del mundo en un circuito anual con un gran sponsor a la cabeza.

King, desde el comienzo de su lucha, buscó la igualdad de reconocimiento de trabajo y dedicación para todas las tenistas.

El rédito monetario, las inversiones y todo gasto que hace girar la ilusión de una carrera profesional en cualquier deporte, pareciera ser más difícil cuando se posee cromosomas XX.

Si se mira atrás, el tenis femenino ostentaba elegancia que, en los últimos años, fue reemplazada por la potencia del juego de fondo. La gran pregunta: ¿Cuándo se dejó de apreciar al tenis femenino como deporte en sí?Marion Bartoli- Wimbledon 2013

Hoy en día, las noticias giran alrededor de que tal tenista sale con este otro, la exuberante belleza de una versus la diferencia estética de otra. Superficialidad. Una cosificación constante que nada tiene que ver con el trabajo que hicieron todas esas chicas para poder llegar a donde están, o siquiera alimentar al gran salto de calidad de las que recién empiezan a entrar a los torneos. Y muchas veces, el reconocimiento llega tarde.

Cómo olvidar la descalificación que sufrió la francesa Marion Bartoli a lo largo de su carrera sólo por no estar en los estándares de belleza y desempeño en el court que ciertos ojos marcaban. “¿Sabes? Yo creo que a veces ser “inusual” es bueno. Te diferencia del resto. Ser distinta puede ser muy bonito”, dijo en alguna entrevista. Cómo olvidar el lamento de la mayoría tras su retiro del circuito en 2013 luego de conseguir el título que tanto ansiaba en el verde césped de Wimbledon.

No muy lejos está la china Na Li, que decidió colgar la raqueta en septiembre pasado abatida por las lesiones pero que dejó una huella imborrable como deportista. Se convirtió en una pionera luego  de ser la primer deportista (hombre/mujer) en ganar un título de Grand Slam, entre otros tantos logros; marcó la diferencia. Y por eso se necesitan estos espejos, estos ejemplos. Para alentar a la juventud próxima que será protagonista del recambio.

El tenis femenino en Argentina sufre la falta de espejos. El nivel de juego también es otro factor que no se puede olvidar cuando se compara la camada de juveniles con las que se entrenan en lugares potencia como España, Francia e Italia.

Son infinitas las veces que se escuchan “se extraña a Gaby, che. Sabatini hacía de todo en la cancha”. Sin embargo, Sabatini, que llegó a ser Nº3 del ránking mundial, fue atormentada por el público argentino y los medios durante la mayoría de su carrera, en la que a pesar de todo, mantuvo un bajo perfil. De nuevo, el reconocimiento llegaría tarde. Llega cuando se la extraña, cuando no se valoró en ese entonces todos sus logros, que hoy parecen tan lejanos de repetirse.

Quien conoce de impedimentos y superar adversidades es la sunchalense Paula Ormaechea (22 años), la mejor argentina Paula Ormaechea - 2014rankeada de la actualidad (Puesto 128. Más alto, 59, octubre 2013). En varias entrevistas, Paula siempre se encargó de transmitir y dar a conocer esas dificultades que todos parecen obviar al exigir resultados y continuidad.

Así, la misma jugadora que encuerda sus propias raquetas para reducir gastos durante sus torneos, contempló en una entrevista al diario La Nación: “En la situación que está hoy el país no hay sponsors. Yo tuve mucha suerte de tener dos desde los 13 años (…) Muchas veces pasa por vos. Yo quería jugar al tenis; pasé mil cosas y te van a querer tumbar todo el tiempo, pero hay que levantarse y seguir, y no sé si hay chicas que quieran hacer esto. No sé cuántas se bancan que esto sea muy duro, y que el proceso sea largo. Otro tema es que no hay espejos; sin exponentes, no hay chicas que jueguen al tenis. Mirá el hockey, lo juegan en el colegio, tienen a las Leonas, a Lucha Aymar”.

Al igual que Paula, muchas chicas que vienen detrás con su intacto sueño en el deporte blanco, luchan diariamente con los impedimentos económicos y la inversión familiar que el tenis conlleva. Es por eso, que no sólo depende de sus familias y esfuerzo propio, las grandes autoridades deben invertir en pos del desarrollo tenístico de nuestro país. Y eso se tiene que sentir.

En los últimos días, la Asociación Argentina de Tenis (AAT) anunció la renovación de su alianza con el Ministerio de Educación, en la que se propone promover el deporte en las escuelas de todo el país y desarrollar acciones educativas conjuntas. Ojalá así, de a poco, la rueda que gira a favor del tenis en nuestro territorio acapare la atención de las empresas, de los sponsors, de los que invertirán y apostarán por los jugadores.

Todo joven que recién comienza quiere esa seguridad, necesita esa confianza. Sin embargo, a veces las chicas son dejadas de lado, no hay igualdad. Por eso, no hay que olvidarse que ellas también juegan.

Por Lucila Morinigo

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