Por qué ya es casi usual ver perder a Nadal

Por Sebastián Fest (LA NACIÓN) –

A Rafael Nadal se le están acabando las respuestas. Lo que se movió ayer sobre el césped del All England Club fue su espectro. Ése no es Nadal. Tras la derrota ante Dustin Brown se ocupó de recordar que jugó cinco finales en Wimbledon (dos títulos), algo que muy pocos lograron, pero no era un arresto de soberbia, no era un intento de mostrar “chapa”. No, Nadal sabe que tiene la chapa, la carrocería y el motor abollados. Las lesiones, un karma a lo largo de su exitosísima carrera, no son el problema este año, salvo aquella de enero en Australia ante el checo Tomas Berdych que se negó a reconocer, porque él también se hartó de hablar de las traiciones de su cuerpo. Un “listacle” de cinco puntos sobre los problemas del Nadal que en nueve días estará fuera de los diez primeros del ranking mundial:

¿QUÉ LE FALLA? Las piernas, sobre todo. Su capacidad de explosión, reacción y ubicación es una sombra de lo que fue. Nadal “engañó” durante su carrera, porque con su fisico imponente podía parecer lento y pesado. Nada de eso. Nadal fue, en su esplendor, un jugador velocísimo, aspecto fundamental de su éxito. Hoy es lento y llega tarde o mal posicionado a los tiros. Los golpes del rival lo sorprenden. Es un Nadal en cámara lenta.

¿QUÉ MÁS LO AFECTA? Está mal parado ante los tiros, el español arrastra una desventaja ante los rivales que lo apuran, y así es que empieza a dudar de todo, pero muy especialmente de su derecha, el golpe con el que mandó en el tenis durante una década. Luego se encadenan otros déficits, desde el revés a un saque sumamente atacable.

¿OTRAS DUDAS? Muchas, porque está inmerso en un ciclo autodestructivo. Cuánto más pierde, más duda y más se hunde. Siente que trabajó bien, que está haciendo lo que debe hacer, pero la cantidad de partidos encaminados que terminó perdiendo lo llevan a jugar sobre un terreno pantanoso y a algo insólito: es vulnerable desde el fondo de la cancha.

¿YA NO LE TEMEN? No. Ganarle a Nadal garantiza titulares para el que lo logre. Es una victoria que da prestigio, aunque de a poco se esté haciendo costumbre verlo perder. En un circuito en el que no se perdona nada, se sabe que el español está más vulnerable que nunca. Dejó de atemorizar a sus rivales, una ventaja que lo convertía con frecuencia en ganador ya desde el propio vestuario.

¿ESTÁ ACABADO? No, pero necesita encontrar respuestas con urgencia, porque no está acostumbrado a vivir así el deporte. Nadal no concibe jugar para divertirse, juega siempre a ganar y a dar lo que se necesite para llegar a eso, la victoria. Hoy su cabeza es un caos de sensaciones contradictorias. Él mismo admite no saber si es capaz de seguir jugando en el pelotón del circuito y lejos de las victorias grandes: “No te voy a engañar, te voy a ser honesto. No lo sé”.

Lo que no pierde es cierto humor. Una periodista le preguntó si aprovecharía la casa que tiene en Londres para pasear unos días más por la ciudad: “No tengo más trabajo en Londres; Si quieres usar la casa estás invitada”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s